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LA VISIÓN DE LOS NIÑOS DENTRO DEL DIFÍCIL CONTEXTO SOCIAL CENTROAMERICANO EN "EL CAMINO", DE LA COSTARRICENSE ISHTAR YASIN Sección Oficial Latinoamericana - Entrevista con su productor
Su selección en la Berlinale de este año le convirtió en el primer largometraj e centroamericano elegido para un festival clase A. Ese hecho marcó el exitoso rumbo de “El camino”, la décimoquinta película en la historia de Costa Rica y la primera finalizada en 35 mm, que sigue cosechando premios para acrecentar su estatus de hito de una cinematografía joven, que empieza –justamente- a andar su camino.
Dirigida por Ishtar Yasin, el film se adentra en la problemática del pueblo nicaragüense, que por sus elevados índices de pobreza se ve obligado a emigrar para conseguir una mejor calidad de vida, siendo Costa Rica el destino natural. La historia narra la historia de Saslaya, de 13 años, y su pequeño hermano Darío, de ocho años, quienes huyen de los abusos de su abuelo para emprenden un viaje a Costa Rica, en busca de esa madre que alguna vez partió y de la que se desconoce su destino.
Yasin, realizadora nacida en Moscú de padre iraquí y madre chilena formada profesionalmente en Costa Rica y Rusia, vivió en carne propia la odisea de un emigrante. Al nacer el proyecto, optó por tomar una cámara y cruzar ilegalmente desde Nicaragua a Costa Rica. “Se involucró tanto con ellos que terminó siendo arrestada como si fuera una inmigrante ilegal más”, recuerda Adrián Cruz, productor ejecutivo de la película, quien estuvo en el Festival de Mar del Plata acompañando la exhibición del film dentro de la competencia latinoamericana. La experiencia le permitió a la directora conocer a niños que vivieron la situación que refleja en “El camino”.
Entrevista a Adrián Cruz, productor ejecutivo
- Cuando un país recibe una fuerte corriente inmigratoria, se siente como invadido y tiende a rechazar a ese pueblo. ¿Cómo percibe el costarricense al nicaragüense?
"Como todo en la vida, tiene una valoración objetiva y otra subjetiva. La objetiva es que es una fuerza económica vital. Los nicaragüenses han venido a hacer todas esas labores que los costarricenses ya no quieren hacer: trabajo en el campo, labores domésticas, cuidado de niños, cuidado de ancianos, etc. Sin embargo, por su misma vulnerabilidad legal, como usualmente no tienen papeles, los patrones suelen abusar de esa posición y no cotizan sus cargas sociales, por ejemplo, les pagan salarios más bajos que al resto de la población. Es como una economía informal haciendo labores formales. Eso ha ayudado a que se creen prejuicios de que ellos tienen beneficios colectivos como es el transporte, la educación, la seguridad social, pero no cotizan para eso. Entonces se tiene ese prejuicio de que es un pueblo que viene a nutrirse de nuestro patrimonio, a robarnos lo que tanto nos ha costado crear. Es totalmente absurdo y no se sostiene en ningún análisis objetivo y crítico. Entonces, tenemos esa ambigüedad en la relación con los nicaragüenses. Es gente muy importante para nosotros, somos una población de 4,5 millones y tenemos como 800 mil nicaragüenses, pero a la vez es muy maltratada".
- Eso es algo que tiene paralelismos a nivel mundial: los mexicanos en Estados Unidos, los latinoamericanos en España…
"Exacto. Uno de los objetivos del film era sacar a colación esta realidad nuestra, y plantearla de manera que permitiera crear paralelismos con otras latitudes. Sabor local con alcance universal. Particularmente se le dio un enfoque hacia las víctimas más vulnerables, que son los niños. En este caso, los niños que quedan atrás cuando los padres viajan a cualquier país para trabajar y no pueden llevarlos con ellos, y los dejan con la promesa de que un día volverán. Pero muchas veces no regresan, algunos pueden perecer en el trayecto porque todavía quedan minas antipersonales, o son arrestados, o embaucados por mafias del tráfico. Entonces hay un desarraigo que no es sólo por la migración per se, sino un desarraigo emocional fuertísimo.
- En la película se habla además de ese desarraigo, del abuso que sufren los menores, ¿cómo se inserta en la trama?
"Ishtar llegó a compenetrarse mucho con el tema de los niños que quedan atrás, y esa es la génesis del guión. Después evoluciona con un componente adicional de mucha actualidad en nuestra región, que es el del abuso de menores. Hay toda una nueva clase de turismo, llamado turismo sexual, de tipos –generalmente mayores que vienen de Estados Unidos y Europa- con mucho dinero que van a buscar específicamente a niños o jóvenes para tener sexo. Muchos de estos niños no tienen responsables que los apoyen. Entonces se le dio este matiz. Es una historia bastante trágica pero que respira por todos sus costados verosimilitud. Son cosas que pasan, de las que no gusta hablar, de las que a nivel gubernamental se intenta mantener con bajo perfil. Quisimos, a través de esta película, poder poner este tema en el tapete.

- Una película reciente que habla de Centroamérica es “Voces inocentes”, que también está protagonizada por un niño. ¿Ves coincidencias?
"Yo creo que inevitablemente es un tema que al autor, al artista lo atrae mucho. Abordar temas duros, difíciles, desde una óptica adulta siempre conlleva algunos riesgos de caer en lugares comunes porque son los adultos los que hacen la película.
El hecho de tener que obligarte a ver desde la visión de un niño es un ejercicio muy arriesgado, pero que te da la oportunidad de tener una visión fresca como artista: ver un contexto duro, difícil, doloroso, a través de una mirada inocente. Hay un mecanismo que tienen los niños y uno va perdiendo conforme crece de lidiar de una manera muy particular con las cosas difíciles. Mal que bien funcionan porque ellos sobreviven a estas cosas, muchas veces con heridas invisibles.
Ese amor a la vida que tienen hace que no caigan en la autovictimización y eso logra una visión muy diferente para lidiar con esa realidad. Para un artista ponerse en ese lugar genera un potencial creativo muy interesante. “Voces inocentes” sí tiene muchos paralelismos, pero estéticamente es bastante distinta, y también el tipo de abordaje y el acercamiento a la historia. Son películas que valen la pena ver para comparar ópticas diferentes. Pero cada una tiene su riqueza particular".
- “El camino” está dedicada a Nicaragua, ¿Por qué realizan una dedicatoria explícita?
"Porque al momento de empezar a desarrollarse la película, había una situación de xenofobia bastante importante. Había un caso de un delincuente nicaragüense que había sido asesinado por unos perros guardianes de una propiedad en la que entró a robar, y hubo negligencia policial en ayudar. Y el tipo murió. Entonces hubo una tensión fuerte mediática y una situación política densa por la zona fronteriza del río San Juan, que las autoridades nicaragüenses le habían prohibido a los policías costarricenses patrullar armados, que era un convenio bilateral que tenían. Era un momento en que las relaciones a nivel mediático y gubernamental estaban muy mal. Entonces era importante enfatizar en que era una propuesta centroamericana, iniciada por costarricenses y dedicada a Nicaragua. Era hacer la valoración de que somos hermanos, que en definitiva somos lo mismo, la diferencia es una línea fronteriza".
- ¿Es una intención personal reforzar la colaboración centroamericana?
Ahora es incluso una cuestión estratégica. Se está queriendo empezar a crear una industria local, centroamericana, que nos permita contar nuestras historias, tener nuestra voz. Si tú quieres tener una voz pertinente en el exterior, lo menos que tienes que hacer es imitar fórmulas o estéticas, contar historias descontextualizadas de tu medio. Entonces, necesitamos hacer nuestras historias, que la gente quiera ver nuestras películas porque es algo que no va a ver en otro lado. Creo que aunque sea un mensaje universal, toda la estética, los sonidos, las imágenes, son muy centroamericanas. Es una apuesta que quizá comercialmente sea riesgosa pero que necesita hacerse para abrir camino.
- ¿Cómo sigue tu camino profesional y el de Ishtar?
"Ishtar está trabajando en dos guiones. Tiene un tercero terminado. Y ya estamos aplicando a fondos. Hay una historia, que es la estamos tratando de sacar antes, que preliminarmente la está llamando “El circo en la oscuridad”. Es una parábola sobre el miedo a la inseguridad que vivimos en nuestros países latinoamericanos, sobre la ola de criminalidad, que muchas veces está reforzada por los medios más que por una vivencia real. Es sobre cómo el latinoamericano lidia con ese temor, esa percibida maldad que hay en los círculos de delincuencia, pero planteada como una fábula".

©Cynthia García Calvo/Cinestel.com Enviada especial a Mar del Plata (Argentina) 16/11/2008 |
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